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lunes, 16 de noviembre de 2009

INAUGURACIÓN...

Hola... acabo de publicar 3 de mis primeras poesías. Ya inicié la publicacion de la primera parte de una de mis novelas... poco a poco mientras me familiarizo con la edición del blog, iré agregando los capítulos... espero, la disfruten... de nuevo, cualquier comentario será muy bien recibido.

Muerte en el Bosque...(1995)

En el bosque hay un cazador
Que busca una presa
Cuando divisa no muy lejos de allí
Un venado que corre sin pereza

Este para en un arroyo
Cansado de tanto correr
De otro cazador que le perseguía
Para de su carne comer

Despreocupado estaba
Bebiendo del arroyo
Seguro de haber perdido
El peligro que había corrido

Pero nuestro viejo cazador
Aprovechando la situación
Dispara sobre el animal
Que cae tendido en desesperación
Sobre el césped que ahora le brinda oración.

Paseo Al Campo...(1995)

Cuando voy al campo
Veo cosas maravillosas
Pájaros cantando y
Nubes esponjosas

Hay flores en el suelo
Me siento y las aprecio bien
Veo que se levantan al cielo
Y este sonríe también

El sol brilla en el cielo
Y se refleja en el mar
E ilumina mi sendero
Que me ayuda a caminar

Con esto quiero decir
Que los bosques no debemos quemar
Debemos cuidarlos para que ellos
Podamos disfrutar cada día más

sábado, 14 de noviembre de 2009

Haikú (colección de cortos)


  
(1)
"Al grillo de palma
Sólo falta la vida
Para cantar a la luna".





(2)
"A la medialuna
Sólo falta su otra cara
Para la noche perfecta".


 (3)
"Con sólo su recuerdo
La vida misma
Parece no tener fin."



 (4)
"El sol se asoma
Un nuevo día
La vida despierta".

 

(5)
“Oh, Luna inspiradora de sueños,
hazme el protagonista de ellos.
Permíteme vivir en tu morada
Y conocer más de cerca,
El júbilo de dormir en medio de la nada”

Versos de Piélago...


Mar de ensueño, mar hermoso, mar fantástico
Cobijan tus olas todos mis sueños.
Tus espumas alimentan mi alma.

Mar magnífico, mar eterno, mar dominante.
Llenan tus aguas todos mis paisajes.
Tus ecos estremecen mi corazón.

Mar poderoso, mar impredecible, mar impetuoso.
Envidia el cielo tu gracia, tu color, tu energía.
¿Quién podría preferirlo, a él tan callado y pasivo?
¿No prefieren los dioses habitar entre tus misterios?
¿No prefieren los mortales ser cobijados por tu vida?

Mar inquietante, mar místico, mar perfecto.
Sea tu figura nuestra inspiración.
Sea tu magnificencia nuestra perdición.

Mar callado, mar furioso, mar pasivo, mar poderoso.
Inunda mi existencia tu ser.

Enaltecen mis versos tu naturaleza.

Mar invencible, mar perpetuo.
No alcanza mi penosa vida para devolverte
Los suspiros y versos que inmortalizarán mi alma.



Prólogo...

-Chase…

-¿Qué ocurre, Shirley?

-Quiero un novio, Chase…

-¿Qué? ¡Pero si ya has tenido muchos!

-No… no es así. He tenido muchos amantes, pero ahora sí quiero un novio de verdad.

-Te volviste loca.

-Quiero enamorarme… y quiero que alguien se enamore de mí.

-Pues si me estás hablando en serio, no tienes más que pararte en la puerta. Al primer hombre que pase, fulmínalo con tus ojos verdes de gata y espera a que te invite a salir.

-No, eso hará que termine en lo mismo de siempre. Y yo esta vez quiero amor.

-Terminan siempre en lo mismo porque es lo que a ti te gusta. Bueno, de hecho, los hombres no sirven para nada más y tampoco se esmeran en buscar otra cosa. Siempre has sido una mujer inteligente que ha sabido sacarle el máximo provecho a todo.

-No, Chase… yo no quiero más amantes. ¡Quiero un novio! ¿Usted no me entiende?

-Por supuesto que no, Shirley… tú nunca has querido nada distinto a lo que siempre has hecho. No creo que siquiera sepas lo que es amar y hasta yo, muchas veces, me he preguntado acerca de su existencia… ¿Por qué este capricho tan de repente?

-Porque he visto cómo son de felices Andrew y Lara… y yo quiero vivir algo así.

-¿y yo que tengo que ver en todo eso?

-En que su mercé es mi amiga y necesito que me ayude.

-Ahora sí que me confirmaste que andas mal de la cabeza, Shirley… solamente así llegarías a la conclusión de que precisamente yo puedo ayudar a alguien a conseguir hombres para enamorar…

-¿Y entonces no me va a ayudar?

-Y a ver… ¿cómo se supone qué haré eso? ¿Llamo a alguno de los sospechosos que estoy investigando y lo soborno a que se case contigo a cambio de no publicar las pruebas que tengo en su contra ante un juez?

-No, Chase… es que he oído eso de la internet…

-¿estás pensando en un Ciber-romance? Ay, que Dios te valga, Shirley…

-He visto que dan resultado… y como no sé manejar bien los computadores, creía que usted me podría enseñar a charlar por la internet… para conocer a alguien…

-Esas cosas de ninguna manera podrían terminar en lo que tú ahora buscas, Shirley… son para aquellos que gustan del placer pasajero… lo que te va mejor.

-Pero yo conozco nenas que se han conocido con muchachos por la internet y ahora tienen un matrimonio lo más de chévere. Por fa, amiguis… por fa… Antes usted debería estar feliz de que alguien como yo quiera corregir su camino…

-Pues… supongo que a hasta una demonia como tú tiene derecho a enamorarse, ¿no? Teniendo en cuenta que ustedes los demonios no saben qué es eso y lo muy convencida que estoy de que esto te funcione…

-Chase… Eso de demonia ya pasó… ya casi que me repugna la carne humana… Y además, ¿porqué ése pesimismo? Sólo porque lo que lo suyo con el Andrew a la final nunca cuajó, no significa que a todos nos vaya a ir así de mal en estas cosas…

-Creo que tengo mucho trabajo que hacer… aún me falta revisar estas otras fotos de la escena del crimen…

-¡Chase!

-De acuerdo… Si te enseño a chatear… ¿me dejarás en paz y negarás que fui partícipe de esto ante mis amistades?

-¿Cuáles amistades, Chase?

-Maldita seas, Shirley… Está bien… vamos a mi habitación y te enseñaré. Ya verás que esto no va a trascender mucho, para nuestra tranquilidad.


En Tu Hogar...

Hoy quiero orarte en tu propia casa,
Lejos de las paredes que encierran mis ideas
O de las imágenes muertas que no te respiran

Hoy no quiero sentarme en sillas de madera.
Sino en la fina hierba que tapiza entera
la tierra que ostenta tus árboles en ella.

Hoy quiero prescindir de los cantos de los hombres,
Y percibir tu susurro en el viento que corre;
Sentir que cantas en mi oído con el trinar de las aves.

Quiero comulgar bajo tu cielo y belleza.
En lugar de las velas, encender las estrellas
Y empaparme de tu perfume a naturaleza.

Quiero, Dios mío, envolverme en ti nada más.
Para ello, que mejor pudiera yo desear
Que un encuentro contigo en tu propio hogar.

A tu grandeza...

Mi vida, como la tierra, una vez se secó
Y la lluvia que caía, pasajera como era,
El viento pronto se la llevó.
Tu Mano, sin embargo, a la tierra fértil volvió.
¡Así de grande es el Señor!

La planta nacida pronto creció.
El gusano, el polvo, el frío la invadió.
El hombre inconstante también la abandonó.
Tu Mirada, sin embargo, nunca se movió.
¡Así de grande es el Señor!

El polvo oscilante muy pronto se rindió.
El gusano, con los días, también él murió.
El frío aunque largo, el calor lo ahuyentó.
A pesar de las causas, la planta prosperó.
¡Así de grande es el Señor!

La planta radiante, al tiempo fruto dio.
Al sol se abrió y a Dios glorificó,
Pues Él nunca se fue, Su Amor nunca fluctuó,
Y así como la planta, hoy mi vida renació.
¡Así de grande es el Señor!

Florecitas...(1995)

Lindas y perfumadas
Llenas de amor
Son las florecitas
Que llevo en mi corazón

Yo las utilizo mucho
Cuando se las regalo a una amistad
Que está cumpliendo años
O en otra fecha especial

Florecitas que se van en invierno
¡Como me desespero!
En casa abrigado
Con ansiedad las espero

Ya terminado en invierno
Vuelve, vuelve primavera
Mis florecitas
Te esperan.





La Maldición del Iris... (2001)

Hermoso realmente! – exclamó Mike cuando después de muchas noches, nuestra expedición había echado frutos aquella noche donde se revelaba el majestuoso templo buscado por tanto tiempo en el bosque. Sam forzó la puerta y pudimos entrar.

Mientras cruzábamos pasadizos, trampas y laberintos del templo, se escuchaban los gemidos de los lobos y el ulular de los búhos, que sólo podían estremecernos, acompañados lúgubremente por los murciélagos que espantábamos tras haber abierto cada una de las puertas.

Finalmente no pudimos dar crédito a nuestros ojos. Frente a nosotros se veía el motivo de nuestra expedición, la inspiración a nuestras locuras: El Iris, aquel que haría poderoso a quien tuviera la suerte de poseerlo. Mike lo devoraba con los ojos.

Le advertí sobre el peligro, ya que si alguien osaba acercarse al Iris sin ser el elegido, quedaría maldito... pero ni me miró... nunca lo hacía... jamás me había tomado en cuenta... tal vez por eso me divorcié de él....

Mis recuerdos se vieron disipados ante la imagen deslumbrante de Mike cayendo a tierra completamente inmóvil, después del deslumbrante ataque del Iris. Imprudencia!, ¿Por qué nunca me escuchaba?
Superando mi rencor y a la vez, escarmiento, acudí junto con Sam hacia él. Lo rociábamos con el agua de las cantimploras, lo llamábamos por su nombre, incluso, Sam le propició unas buenas palmadas en la cara. Ya empezábamos a preocuparnos, cuando de repente, Mike volvió en sí. Se puso en pie  emocionado, y siendo víctima de una extraña emoción que lo invadía, comenzó a hablar.

Nos narró emocionado que él no había sido atacado, en vez de eso, el Iris le había mostrado en una visión la recompensa por su hallazgo: ¡Un enorme tesoro! nos describía Mike, que según veía, apenas se podía mantener en pié, no pudiéndose creer su suerte, por la forma en que se movía y hablaba.

Mientras Sam y yo nos moríamos de la curiosidad y empujábamos a Mike para que se afanase, el nos guiaba al lugar señalado en su visión a través de más pasadizos, trampas y laberintos...

De repente, lo encontramos. La gran habitación. En frente de nosotros se alzaba el tesoro más enorme que yo había imaginado, cofres, diamantes, oro, mucho oro... mucho más que lo que nos habíamos imaginado. No me lo creía... ni Sam tampoco.

No pude controlarme y me lancé lo más rápido que pude hacia esa gran fortuna que ahora me pertenecía, junto con Sam, dejando a Mike muy atrás.

Antes que pudiera comprender lo sucedido, la fortuna, como espejismo que era, se desvaneció. La puerta se cerró y unos compartimientos del techo se abrieron, dejando escapar la arena que había en su interior...
 

Inmediatamente, me aterroricé. No porque moriría seguramente, no por mi fracaso en la expedición, no por la maldición olvidada del espíritu maligno escondido en el Iris, sino por aquella risa chillona y siniestra que escuché al otro lado de la habitación...

Sin Escape... (2002)

El reloj ya daba las doce y aún no me dormía. No... no quería volver a enfrentarlo. Realmente, no quería conciliar el sueño. Simplemente, no podía volver a dormir nunca más en la vida. Ello significaría que él aparecería de nuevo, que volvería a atacarme.

Ya me lo había advertido. Esta vez no me dejaría ninguna oportunidad de escape. Nunca me la había dejado. Si alguna vez había escapado, había sido porque él así lo había querido, nada más. Se divertía como un gato con su presa, viéndome acorralada en un mundo, en el que siendo mi propio mundo, no tenía el control. Le divertía dejarme escapar, porque sabía que era inevitable mi regreso. Después de todo, es imposible no volver a dormir... y mucho menos... de soñar.

Y él lo sabía. Pero no podía cerrar los ojos, sería firmar mi sentencia de muerte.

Él ya había logrado hacerme daño. Recuerdo que en  una de tantas cacerías, me había perseguido con su acostumbrado machete. Esa vez había escogido como escenario una selva. ¡Demonios!, ¿Cómo era que podía controlar hasta qué ropa llevar puesta?

Si... yo podría correr a través de la lluvia, los relámpagos. Podría alejarme de él, ocultarme en la noche en la que se desarrollaba esta nueva pesadilla,  pero siempre sería el mismo final donde yo era protagonista... donde seguramente, yo no saldría ilesa. Las plantas me obstaculizaban la visión y rasgaban mi ropa, haciéndome tropezar y caer. ¡Lo tenía todo siempre tan controlado! Constantemente me decía que era un juego entre los dos, que debía disfrutarlo. Él estaba enfermo, porque aquello no era un juego entre los dos: aquello era algo donde él jugaba conmigo.

Finalmente, cuando llegaba el momento tan temido para mí, aquel en el que encontraba algo obstaculizando en mi camino, algo impenetrable, donde era imposible huir, me encontré con él cara a cara. Súbitamente, un ruido partió el aire en dos y me alcanzó el brazo derecho.

La sangre brotó, mis gritos de dolor se oyeron en toda mi habitación y yo, ahora despierta, aún podía ver la satisfacción en su rostro con la que me despidió aquella vez, recordándome su cruel amenaza de vengarse algún día, de obligarme a pagar por todo lo que le había hecho, de hacerme un corte en mi cuerpo por cada una de mis infidelidades.

Por supuesto, él me lo había advertido cuando aún vivía. Si algún día descubría que yo le era infiel, pagaría con mi vida... por supuesto que me lo había dicho, y aún está en mi subconsciente. Aún después de muerto sigue con vida dentro de mí, atormentándome, despertando cada noche, y yo sin poder hacer nada pues él habita en mi mente, en mis recuerdos. Lo sabe todo de mí, sabe de Jerry y de los demás, sabe que siempre quise deshacerme de él desde que me amenazó por primera vez... sabe quién empuñó el machete mientras él aún dormía...

El Pacto... (24/04/04)

Ella y yo solíamos caminar por este parque, cogidos de la mano. Me gustaba encontrarla y andar sin rumbo entre estos árboles. Aún la veo pasar por aquí, sola, sin mi compañía... pero no me importa. Las cosas no han cambiado mucho desde aquel entonces...
Recuerdo muy bien nuestro último paseo juntos. Ella me miraba y yo disfrutaba de esos ojos soñadores que tanto me decían que me necesitaba. No requeríamos palabras. Tan sólo nos bastaba el silencio y los latidos de nuestro corazón a todo galope, como si fueran caballos salvajes. Ella sonreía y yo la besaba. No importaba qué tan mal me hubiera ido en el día, ella siempre lograba que lo olvidara todo y que bendijera mi paso por el colegio donde ella estudiaba... donde la conocí...
La última vez que la ví, nos habíamos sentado bajo aquel árbol, en el que alguna vez imprimimos nuestras iniciales y nos habíamos jurado el uno al otro eternamente. Ahora que las veo con detenimiento, nunca le dije que esos trazos en la madera estaban ahora impresos también en mi corazón...
Nuestra última noche nos había cogido desprevenidos y ella empezó a mirar vagamente todo a su alrededor como solía hacerlo. Finalmente, rompió a llorar.

        -Debemos dejar de vernos, Alex...- me había vuelto a decir con la voz entrecortada.
¡Maldita sea!, ¿Por qué insistía siempre en lo mismo? ¿Acaso no lo tenía claro?
Después de haberle expresado con firmeza que eso no era posible, me tomo las manos entre las suyas y agregó:

        -No seas testarudo... sabes que no está bien...
Luego indagué con euforia el motivo de su crueldad...  Acaso no me amaba?
        -Te amaba, pero... ahora... me siento... cansada...
Luego se levantó y trató de correr, pero yo le insistí que no me dejara. Le reiteré que nada podría deshacer nuestra unión, porque ahora la amaba más que a nadie en el mundo, aunque no lo hubiese planeado así. Le recordé nuestra promesa de estar juntos eternamente...
        -Si tanto me amas, Alex... déjame ir.
Ello me desconcertó y se me escapó de las manos. Mientras se alejaba, me pregunté qué pretendía con eso. Eso no era amor. Ella lo sabía… lo sabía perfectamente: Amor era el lazo nos unía el uno al otro para no separarnos nunca, y no era jugar con mis ilusiones como ella lo estaba haciendo. No tenía derecho a hacerme esto... y yo se lo haría saber.
Corrí como loco llamándola a gritos, escabulléndome entre los árboles y las bancas del parque. Estaba muy oscuro y parecía que fuera a desatarse una tormenta, pues los árboles ya empezaban a crujir mientras el viento les susurraba al oído, cobijados por unas nubes que me tapaban las estrellas...
En un impacto, un rayo rompió uno de los árboles que estaba cerca de mí y todo el parque se sumergió en las sombras. Con las luces de las lámparas ausentes, no se veía nada, pero mis ojos fueron adaptándose poco a poco. Luego, a mis oídos llegó otra vez ése susurro que luego se fue multiplicando hasta convertirse en un coro suave pero penetrante que entraba a mis oídos como un zumbido agudo que iba y venía...
Luego, un escalofrío me recorrió toda la espalda al reconocer entre los cantos esas palabras que me tentaban y me rodeaban... voces que me asustaban... que me hacían sudar frío y me mantenían estático en aquella aterradora oscuridad...
        -“Déjala... Déjala... Déjala...” Las voces crecían y aumentaban,  haciéndose más fuertes. Furioso, grité a lo que fuera que estuviera escondido entre las sombras...
        -¡Lárguense! ¡Déjenme en paz!
        -“Es nuestra... nuestra... nuestra...”
        -No...¡Es mía… es mía…!
Ante mis ojos, la figura de mi amada apareció de la nada, mirándome con tristeza...
Inmediatamente la vi, adivinando lo que ocurriría, avancé hacia ella lo más rápido que pude y la tomé en mis brazos, aferrándome a su cuerpo con todas mis fuerzas a pesar de sus repetidas protestas que se ahogaban en sus lágrimas...
        -Alex, ya déjame, por favor... olvídalo todo…
        -No, jamás... no me dejarás nunca...
 De repente, unas luces se enlazaron alrededor de ella y trataron de quitármela... pero yo seguía apretándola contra mí, más decidido aún...
        -Entiéndelo, Alex... Descansa y déjame descansar...
        -Tú eres mía... lo juraste… y lo serás siempre...
Los espectros continuaban halándola mientras las voces seguían ordenándome que la soltara...
        -Te lo suplico... esto no era lo que yo quería… ¡Estás enfermo!
        -¡No! ¡Hicimos un pacto... y lo cumplirás!

Como un sueño, las luces se apagaron y el murmullo de voces cesó al volver a encenderse las lámparas del parque. Ella miró a su alrededor con la misma vista cansada con la que solía hacerlo y volvió sus ojos suplicantes hacia mí, pero yo le contesté con un beso apasionado y posesivo... reclamándola... enseñándole que ella me pertenecía... y que estaría a mi lado por toda la eternidad.
 

Justo ahora la veo pasar otra vez entre los árboles... sola y meditabunda... sumida en su tristeza... y me duele. Me duele verla así, apagada y melancólica... pero así han de ser las cosas.

Así es querida... ni la misma muerte podrá hacer que te vayas de mi lado... ni esas voces de los espectros que tanto me reclaman por ti, pues nada romperá aquel pacto que hicimos debajo del árbol. Eres mía, sólo mía y así será siempre porque nunca, incluso aunque nuestras propias voces formen parte de ese coro fantasmal, podrás romper el lazo que forjamos al venderme tu alma. A los demonios no nos gusta jugar... tú no deseabas morir y yo te dejé aquí incluso después de que dejaras de respirar: Yo cumplí con mi parte... ahora tú cumple con la tuya...


Al Final Del Túnel... (15/10/04)

El resplandecer del febo iluminaba mi cárcel. Insultante y acogedor a la vez, lograba atravesar sus rayos por entre mi cortina de hierro a la vez que yo, distante en mis sueños de libertad, sólo buscaba la ansiada escapatoria. El abismo en que me sentía inmersa lograba transportarme a un estado de inquietud y expectativa. Ahora todo lo que alguna vez sentí como parte de mi mundo, me había sido arrebatado de una manera casi brutal e inesperada. Precipitadamente, mi nueva realidad se limitaba a estas frías paredes ausentes de toda emoción y belleza... componentes que en mi vida siempre habían tenido un especial protagonismo, protagonismo que aún estas circunstancias, se negaban a abandonar.

Hambrienta de todo aquello con lo que tantas veces pude saciarme sin ningún esfuerzo antes de que estas condenadas rejas se hubiesen cerrado a mi alrededor, de nuevo miré temblorosa debajo de mi catre. Otra vez allí me esperaba, además de las arañas y el polvo que contaban conmigo las noches de encierro,  la entrada secreta a la galería que se hallaba debajo del suelo que soportaba mis pies.

Era la séptima vez que la veía en menos de diez minutos. Me hipnotizaba todo lo que aquel agujero mal disimulado me ofrecía con constantes llamados a mis deseos de fuga. Me seducía su confidencialidad, me inquietaba su forma y capacidad. Sencillamente, no era capaz de quitarme su imagen entrometida en mi cabeza.
Recordé entonces a Sara. Ella me lo había dicho ya muchas veces en cada conversación que teníamos en el patio 3: <>. Si, ella tenía razón. Pero no sabía que eso no era aplicable en un lugar tan poco seguro como la galería subterránea que se desplegaba por debajo de mi celda. Yo escuchaba rumores que no me dejaban en paz cada vez
que intentaba conciliar el poco sueño que a veces me embargaba. Muchos de ellos decían que cada persona que alguna vez había ocupado mi celda, había desaparecido... sólo para ser encontrada muerta tiempo después. El motivo de aquellas desapariciones y muertes sólo podía estar relacionado con aquel agujero del demonio.

No podía simplemente ignorar esas voces de advertencia. Sara debía entenderlo. No me atrevía. Prefería quedarme aquí encerrada con vida a morir allá fuera. Es que... ¿De qué me serviría la libertad sino contaba con vida para disfrutarla?

Al cabo de no sé cuanto tiempo, ruidos debajo de mi catre me hicieron volver a la realidad. Mis cavilaciones me habían hecho sumergirme de nuevo en mí misma durante tanto tiempo, que el astro rey que se colaba por mi ventana me había abandonado a esa hora casi nocturna. Así era siempre... todos me habían abandonado cuanto más los necesitaba, excepto tal vez esos insistentes golpeteos que persistían en captar mi atención por debajo de mi morada...
Harta y furiosa, despejé el camino hacia la galería subterránea de un solo golpe. Entonces pude oír una vocecita ahogada por el raído suelo de mi celda. Con un presentimiento, acerqué el oído a aquel agujero maldito... si... en efecto era mi nombre el que por allí se colaba...
En un espasmo de reconocimiento, mi boca no pudo reprimirse al gritar “¡SARA!”, como mi mente no era capaz de encontrar una explicación complaciente a este suceso. No era posible... ¿Cómo diablos había llegado hasta allí?

La voz insistía llamándome. Entonces no tuve más dudas. Retiré todo lo que me estorbaba, me fijé de que nadie estuviese mirando y finalmente, me descolgué dentro de aquel temible laberinto del que nunca pensé que podría salir con vida...

Pero no estaba allí. Tal vez fue sólo mi imaginación que cruelmente le gustaba jugarme estas bromas, pero entonces miré hacia el túnel que se abría paso a través de la negrura de aquella galería. Era lo bastante asfixiante como para que cualquiera decidiese regresar, cualquiera que no tuviese la tenacidad que se apoderaba de mí nada más entrando dentro de aquella oscuridad. Pensé simplemente que si ya estaba adentro, lo mejor sería hacer caso a mi mente que ya se había tomado la molestia de traerme hasta aquí.

Superando los miedos infantiles que me halaban hacia atrás, avanzaba a rastras dentro de aquella humedad y peste, sometiéndome a la oscuridad que me tragaba poco a poco, sin hacer caso a las piedras que se aferraban a mi cuerpo y me cortaban reprendiéndome el que no las llevase conmigo...  así iba, desafiando el destino de otras como yo que también lo habían hecho, pero no podían contarlo. Mi mente sólo tenía una meta: llegar hasta el lugar donde mi cuerpo pudiera erguirse y mis ojos por fin viesen alguna luz.

Pasos sobre mí me estremecían con frecuencia, incluso voces que se colaban por las grietas donde la luz también buscaba su espacio. Sin darme cuenta había empezado a subir... estaba entrando a una cuesta... una inclinación que me llevaba hacia arriba, pero también se hacía más estrecha. Si continuaba, seguramente más adelante no podría dar marcha atrás, sería  imposible darse la vuelta para regresar a mi celda... ¿Debía acaso detenerme allí mismo? ¿Sería acaso la muerte lo único que podría yo esperar al final del túnel?

Mientras cavilaba y decidía si continuar o no, lo escuché otra vez: de nuevo era mi nombre. Venía de alguna parte más adelante...  era Sara... pero no podía ser. ¿Cómo era posible? No podía estar allí...

De repente mis oídos captan más voces, pero no son de ella. La voz ronca de uno de los oficiales que se encuentran un poco más atrás de mí rompe el silencio y me ordena que regrese. ¡Maldición! ¿Por qué nunca me puedo deshacer de ellos?

Ya no hay nada más que pensar. Ellos se aventuraron a llegar hasta allí, pero no creo que se atrevan a llegar hasta donde estoy... temen por sus vidas... pero yo no.

Disminuida, pero decidida a hacer caso omiso a los llamados de ellos, continué presurosa a pesar de las negras perspectivas que se me pronosticaban si me atrevía a llegar más lejos. Me arrastro ahora sin atreverme mirar atrás, aún cuando el techo ya toca mi cabeza, aún cuando las paredes ya apretan mi tórax, aún cuando me desgarre en cada empuje, en cada progreso... las paredes me pelan , la sangre se mezcla ya con mi sudor, mis ojos escocen con toda la tierra que los tapa, ahora creo ver una  luz más arriba, mi mano ya la alcanza, sólo un último esfuerzo para salir... sólo uno más...

Alguien toma mi mano desgastada y me empuja fuera del túnel. Alcanzo a ver a lo lejos el claustro donde antes me hallaba presa. Sujetándome todavía más, el oficial conduce mi agonizante figura hasta un rellano donde me deja caer. Inmóvil y reducida, encaro al guardia que me ha retenido y Sara me sonríe debajo de su gorra.
..
 
FIN (Por ahora)

Soneto... (14/04/06)

Tú hiciste, Señor, que volteara a verte.
Yo te ignoraba, pero llegaste hasta mí.
En mi asombro has logrado traerme hasta aquí
Y ahora lo juro, no quiero perderte.

Dijiste una vez a los tuyos “Yo soy la vid…
…y ustedes mis ramas” ¿Me cuentas a mí?
Porque ahora siento que moriría sin ti
Y florecer contigo sólo quiero, ¡Dios de David!

Señor, son sólo tuyos los frutos que doy.
Así como ellos, en el camino en que voy,
Te pertenecen mis triunfos y todo lo que soy.

Te había crucificado antes en mi corazón,
Pero ahora en él se ha repetido la resurrección;
Pues tú habitas en mí ahora que vuelto a nacer estoy.

Soneto: Reencuentro (16/06/03)

Sonríame la vida, hallábase en penumbra.
Distancias recorridas ahora son rotas
Victorias del exilio se tornan derrotas
Ahora que tu presencia de nuevo me alumbra.

Consumíase el tiempo cual abismo infinito
Cesares no habían en tan pequeño mundo
Mas ahora regresas y ¡Oh, impacto rotundo!
Contigo terminase el cruel proscrito.

¡Amor mío, otra vez no abandones mi lecho!
Cada vez que lo haces, mi corazón queda maltrecho.
Mi cuerpo y alma terminan deshechos.

Ahora que regresas, mi vida no es ya un infierno.
Ya las margaritas florecen en invierno.
El aceite y el agua se funden en amor eterno.

Diálogo... (25/04/03)

ELLA: ¿Cómo, tu aquí?
No vale la pena volverlo a discutir.
Las cosas pasaron como terminaron.
Tus engaños al amor dieron por terminado.

ÉL: Mujer, escúchame un rato.
No habrá demora, tan sólo un trato.
Si pruebo mi inocencia que es segura,
Terminaremos esta guerra sin mucha premura.

ELLA: Descaro con el que hablas, cruel insensato.
¡El cinismo en ti es talento innato!
No amargues mi vida con más mentiras...
Con sólo recordarlo, mi corazón se hace trizas.

ÉL: Ella mintió y tú le creíste...
los besos, las noches, ¡Todo es un chiste!
Si bien la miré, jamás la toqué.
Si bien le hablé, jamás la besé.

ELLA: La paz no hallo entre tanta maldad,
¡Entre tantas palabras no encuentro verdad!
No puedes negar nada de aquello...
¡Las cartas y fotos son prueba de ello!

ÉL: Créele su farsa sucia y barata...
¡Maldita sea, mujer! ¡Todo es una trampa!
La envidia le corroe por no haberla elegido.
No puede aceptar que me case contigo.

ELLA: Calumnias o no, todo ha terminado.
Tal casamiento jamás será consumado.
Mi confianza en ti ya se ha ido...
Matrimonio sin amor no está permitido.

ÉL: Si el amor ha de ir a la par con la esperanza,
no dejes que un recuerdo incline la balanza.
Mi amor por ti no se ha extinguido...
Levantémonos juntos y reemprendamos el camino.

ELLA: Tus ruegos y versos no habrán de funcionar.
A los golpes he aprendido que en ti no he de confiar.
Si ahora te perdono, la historia se repetirá:
Me casaré contigo y otra aparecerá.

ÉL: No hay nada que temer y nada que perdonar.
Fiel a ti siempre he sido y seré por la eternidad.
El amor que te profeso sólo Dios lo sellará.
Juntos estaremos y nadie nos separará.

ELLA: ¿Cómo puedo estar segura de tus promesas?
Quisiera creerte, pero se antepone la experiencia.
¿Cómo saber si el destino es un misterio?
¿Cómo creer, si el futuro es tan incierto?

ÉL: ¿Y qué es esta vida, sino un desafío?
¿Cómo triunfar si de mí no me fío?
Ten fe en ello, en mí y en mi palabra...
Que no soy yo, sino el amor quien te habla.

ELLA:¿No es todo tu esfuerzo en vano?
Estás muy seguro. ¿Cómo sabes que te amo?
¿Cómo sabes que esta empresa no fracasará?
¿Cómo sabes que este barco no se hundirá?

ÉL: Puedo asegurarte que las lágrimas correrán,
puede también la sangre ¿Quién lo sabrá?
Pero estando juntos, se suaviza la hiel,
Las lágrimas se vuelven agua y la sangre se vuelve miel.

ELLA: Aún te amo, no puedo negarlo...
Te creo y reconozco que me había cegado.
Si el destino es siempre duro conmigo,
Es mejor aguardarlo estando contigo.

ÉL: No puede haber corazón más dichoso
que el que en mí habita, testigo de este gozo.
¡No habrá montaña que la fe no pueda derribar!
¡No habrán heridas que el amor no pueda curar!

Al árbol caído... (23/12/02)

Levántate mi árbol caído,
levántate que quiero llorar.
Levántate que ya no soporto
Ver a los pajaritos sin hogar.

Levántate, mi árbol caído.
Levántate, mi compañero y amigo.
Que ahora ¿Quién podrá escuchar
Mis risas y cantos a la hora de jugar?

Levántate mi árbol caído.
Levántate, mi eterno hogar.
¿Qué ahora tendré que olvidar
cuando con los brazos abiertos me veías llegar?

Levántate, mi árbol caído
Levántate que el vacío es tenaz.
¿Quién sino tu sombra podrá cuidar
mi sueño que viene después de jugar?

Levántate, mi árbol caído.
Levántate, mi gran redentor.
Que tortura el silencio mi corazón
Y mojan las lágrimas mi camisón.

Levántate, mi árbol caído.
Levántate que ya no es igual
La hierba sin tu sombra
Ni el paisaje sin tu majestad.

Levántate, mi árbol caído.
Levántate, que mi cabeza no da lugar
A ¿cómo pudo el hombre contigo
hacer lo que el invierno no pudo lograr?

Levántate, mi árbol caído.
Levántate, que no puedo más,
Que yo prefiero sentarme en tus raíces
A verte convertido en los muebles de mi hogar.

Cosas... (10/04/02)

En esta página pude haberte escrito muchas cosas...

Cosas que ya sabes... “te quiero”
Cosas que los demás saben... “Eres especial”.
Cosas que no me canso de repetirte... “Eres la mejor”
Cosas propias tuyas... “Nadie lo hace como tú”
Cosas que los demás no ven... “Eres la más linda”
Cosas que pocas veces te digo... “Te admiro”
Cosas que son difíciles de decir... “Lo siento”
Cosas que nunca te he dicho... “Eres irremplazable”
Cosas que todos dicen... “Feliz día”.
Cosas propias mías... “Se me olvidó”
Cosas que siempre te digo... “Eres mi mejor amiga”
Cosas que a veces se me olvidan... “Gracias”

En esta página pude haberte escrito muchas cosas en este día...
Pero tú ya las sabes...
Ya te las he escrito en muchas páginas.

En esta página pude haberte escrito muchas cosas en este día....
Pero hoy quiero cambiar todo eso por un abrazo y un beso.


Mírame... (02/04/02)

Mírame como nunca lo has hecho.
Dime lo que ves en mis ojos,
Dime lo que quieren decirte,
Pues mi boca no puede hacerlo.

Mírame como nunca lo has hecho.
Dime lo que mis oídos quieren oír.
Dime qué quieren escuchar,
Pues mi boca no puede decírtelo.

Mírame como nunca lo has hecho.
Toma mis manos y llénalas de calor.
Dime qué quieren hacer
Pues mi boca no puede decírtelo.

Mírame como nunca lo has hecho.
Capta mis ganas de amarte.
Siente mis ganas de oír un “te quiero”.
Percibe mis ganas de abrazarte.

Mírame como nunca lo has hecho.
Desliza tu mano a mi corazón.
Dime cómo late cuando te veo,
Pues mi boca no puede hacerlo.

Mírame como nunca lo has hecho.
Dime lo que lees en mi boca.
Mira cómo es incapaz de hablarte,
Pues no existen las palabras cuando te veo.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Consuélame, Luna....

Cólmame de pasiones,

Oh Luna de mis ilusiones.

Ilústrame sus encantos

Para así poder cantarlos.


Condúceme por mis laberintos

Que perdido estoy en mis instintos,

Que no dejan de atormentarme

Desde que ella dejó de amarme.


No quisieras, oh mi luna confidente,

Abandonar a este, tu cantor, a su suerte.

No dejes nunca mi corazón ausente

Del placer al que me entrego yo al verte.


Dice el sol ser portador de esperanza,

Ser dueño de las risas que el día lanza

Mas yo sólo puedo gozar

Cuando él con sus rayos te hace brillar.


No culpes, Oh Luna, al sol por tu partida,

Ahora que amanece y la luz toma vida.

No me culpes luna por tenerte que dejar,

Que el día en que ella vuelva, te volveré a cantar.

Soneto del Poeta a su Pluma

Conoces mis delirios,

Tú, mi pluma del alma.

Conoces también el alba,

Mis dolores y amoríos.


Moldeas todo lo que siento.

Imprimes belleza en el acto.

Animas mis hojas con tu impacto.

Combinas papel y sentimiento.


Oh, pluma sin corazón,

¿Podría el mío abandonarte sin razón?

Por supuesto, no podría, no.


Pluma, pinta sin cesar.

No dejes nunca a este poeta en su andar.

¡No dejes nunca a mi corazón callar!

SALUDOS A TODOS LOS QUE AQUÍ ME VISITAN...


Amor Glitter - GIFMANIA