Buscando estoy entre pesares
A aquella musa que solía acompañarme.
No hallo en el mundo más que azares
Cuando ella, caprichosa, se rehúsa inspirarme.
Como una sombra, sin luz ni cuerpo,
Viajo entre calles teñidas de negro.
Bajo cielos ausentes de nubes y vientos,
Reclamo por los días en que todo era bello.
Ya no hay primaveras en las alas del tiempo.
Las estrellas no miran, sólo fruncen el ceño.
No encuentro ya brillo en las risas ni en el fuego.
No hay más que muerte donde antes había sueño.
¡Y cómo olvidar las mañanas doradas,
las gotas de rocío, las aves enamoradas!
Las tardes en que la lluvia siempre me refrescaba.
Las noches en que no dormía, tan sólo soñaba.
Es mi mente y memoria un sínodo de espanto.
Sin brisas ni auras sólo hay quebrantos.
Añoro los momentos, aunque sean unos cuantos,
En que las letras y suspiros eran un solo canto.
¡Y vaya que es mi musa veleidad en esencia!
Cuando más me lamentaba, siento su presencia.
Me muestra ahora, aunque es una incongruencia,
En un papel en blanco, un poema a su ausencia.
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