Hermoso realmente! – exclamó Mike cuando después de muchas noches, nuestra expedición había echado frutos aquella noche donde se revelaba el majestuoso templo buscado por tanto tiempo en el bosque. Sam forzó la puerta y pudimos entrar.
Mientras cruzábamos pasadizos, trampas y laberintos del templo, se escuchaban los gemidos de los lobos y el ulular de los búhos, que sólo podían estremecernos, acompañados lúgubremente por los murciélagos que espantábamos tras haber abierto cada una de las puertas.
Finalmente no pudimos dar crédito a nuestros ojos. Frente a nosotros se veía el motivo de nuestra expedición, la inspiración a nuestras locuras: El Iris, aquel que haría poderoso a quien tuviera la suerte de poseerlo. Mike lo devoraba con los ojos.
Le advertí sobre el peligro, ya que si alguien osaba acercarse al Iris sin ser el elegido, quedaría maldito... pero ni me miró... nunca lo hacía... jamás me había tomado en cuenta... tal vez por eso me divorcié de él....
Mis recuerdos se vieron disipados ante la imagen deslumbrante de Mike cayendo a tierra completamente inmóvil, después del deslumbrante ataque del Iris. Imprudencia!, ¿Por qué nunca me escuchaba?
Superando mi rencor y a la vez, escarmiento, acudí junto con Sam hacia él. Lo rociábamos con el agua de las cantimploras, lo llamábamos por su nombre, incluso, Sam le propició unas buenas palmadas en la cara. Ya empezábamos a preocuparnos, cuando de repente, Mike volvió en sí. Se puso en pie emocionado, y siendo víctima de una extraña emoción que lo invadía, comenzó a hablar.
Nos narró emocionado que él no había sido atacado, en vez de eso, el Iris le había mostrado en una visión la recompensa por su hallazgo: ¡Un enorme tesoro! nos describía Mike, que según veía, apenas se podía mantener en pié, no pudiéndose creer su suerte, por la forma en que se movía y hablaba.
Mientras Sam y yo nos moríamos de la curiosidad y empujábamos a Mike para que se afanase, el nos guiaba al lugar señalado en su visión a través de más pasadizos, trampas y laberintos...
De repente, lo encontramos. La gran habitación. En frente de nosotros se alzaba el tesoro más enorme que yo había imaginado, cofres, diamantes, oro, mucho oro... mucho más que lo que nos habíamos imaginado. No me lo creía... ni Sam tampoco.
No pude controlarme y me lancé lo más rápido que pude hacia esa gran fortuna que ahora me pertenecía, junto con Sam, dejando a Mike muy atrás.
Antes que pudiera comprender lo sucedido, la fortuna, como espejismo que era, se desvaneció. La puerta se cerró y unos compartimientos del techo se abrieron, dejando escapar la arena que había en su interior...
Inmediatamente, me aterroricé. No porque moriría seguramente, no por mi fracaso en la expedición, no por la maldición olvidada del espíritu maligno escondido en el Iris, sino por aquella risa chillona y siniestra que escuché al otro lado de la habitación...Mientras cruzábamos pasadizos, trampas y laberintos del templo, se escuchaban los gemidos de los lobos y el ulular de los búhos, que sólo podían estremecernos, acompañados lúgubremente por los murciélagos que espantábamos tras haber abierto cada una de las puertas.
Finalmente no pudimos dar crédito a nuestros ojos. Frente a nosotros se veía el motivo de nuestra expedición, la inspiración a nuestras locuras: El Iris, aquel que haría poderoso a quien tuviera la suerte de poseerlo. Mike lo devoraba con los ojos.
Le advertí sobre el peligro, ya que si alguien osaba acercarse al Iris sin ser el elegido, quedaría maldito... pero ni me miró... nunca lo hacía... jamás me había tomado en cuenta... tal vez por eso me divorcié de él....
Mis recuerdos se vieron disipados ante la imagen deslumbrante de Mike cayendo a tierra completamente inmóvil, después del deslumbrante ataque del Iris. Imprudencia!, ¿Por qué nunca me escuchaba?
Superando mi rencor y a la vez, escarmiento, acudí junto con Sam hacia él. Lo rociábamos con el agua de las cantimploras, lo llamábamos por su nombre, incluso, Sam le propició unas buenas palmadas en la cara. Ya empezábamos a preocuparnos, cuando de repente, Mike volvió en sí. Se puso en pie emocionado, y siendo víctima de una extraña emoción que lo invadía, comenzó a hablar.
Nos narró emocionado que él no había sido atacado, en vez de eso, el Iris le había mostrado en una visión la recompensa por su hallazgo: ¡Un enorme tesoro! nos describía Mike, que según veía, apenas se podía mantener en pié, no pudiéndose creer su suerte, por la forma en que se movía y hablaba.
Mientras Sam y yo nos moríamos de la curiosidad y empujábamos a Mike para que se afanase, el nos guiaba al lugar señalado en su visión a través de más pasadizos, trampas y laberintos...
De repente, lo encontramos. La gran habitación. En frente de nosotros se alzaba el tesoro más enorme que yo había imaginado, cofres, diamantes, oro, mucho oro... mucho más que lo que nos habíamos imaginado. No me lo creía... ni Sam tampoco.
No pude controlarme y me lancé lo más rápido que pude hacia esa gran fortuna que ahora me pertenecía, junto con Sam, dejando a Mike muy atrás.
Antes que pudiera comprender lo sucedido, la fortuna, como espejismo que era, se desvaneció. La puerta se cerró y unos compartimientos del techo se abrieron, dejando escapar la arena que había en su interior...
Cierto que yo ya habia leido esto??
ResponderEliminarATT: David Moreno
Así es, Oscar David... lo leí en una clase de español... jajajaja
ResponderEliminarChévere, yo en cambio no lo había oido... me gusta, creo que estos cuentos cortos le quedan bastante bien... medio Stephen King jiji
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